Dustforce

Se acerca el nuevo año y por tanto es época de hacer balance de lo que ha dado de sí el actual. Al menos esa es la tradición no escrita que centenares de webs, blogs y similares siguen al pie de la letra cada mes de Diciembre y he decidido no ser menos… aunque en mi caso voy a centrarme en las siguientes entradas en cuáles han sido mis dos sorpresas de 2012. A falta de jugar y sobre todo escuchar mucho juego aún, hoy toca una de las primeras bandas sonoras de 2012 y que mejor sabor de boca me han dejado. Tanto que ya empecé a escucharla regularmente incluso sin haber jugado al juego y comprobar qué tal casaba con él, cosa que no suelo hacer. Vamos a sumergirnos en esa joya musical que es Dustforce.

Definido por algunos como el nuevo Super Meat Boy, Dustforce es sin duda uno de los mejores indies del año, pese a no haber tenido la repercusión mediática de otros. Los australianos de Hitbox Team han sabido crear un sólido juego partiendo de la fórmula que hizo popular al Team Meat, es decir, plataformas de dificultad por momentos desquiciante, pero rebozando el guiso en un entorno visual 2D colorista, vital y muchísimo más detallado. Y todo ello sazonado con unas gotas de estilo, porque de eso se trata: de superar los niveles con clase, componiendo una coreografía en la que apenas tengan cabida las pausas y los momentos de indecisión. Ese es bajo mi perspectiva lo que realmente da un toque distintivo al juego. Esto y su música.

Olvidémonos totalmente de encontrar una banda sonora cañera y vitaminada, tal y como nos podría sugerir un título de estas características. Terence Lee, alias Lifeformed y miembro del Hitbox Team, firma para la ocasión un trabajo sonoro de nombre “Fastfall” que se halla en las antípodas de lo esperable: tranquilo, sosegado, rozando el chill out y en ocasiones muy, muy nostálgico. Puro contraste con las sensaciones que la jugabilidad nos echará cruelmente en cara. Casi parece que a través de su música nos pida que les perdonemos por hacernos sufrir y cabrear a partes iguales y que intentemos, dentro de lo posible, disfrutar de la experiencia.

Ya desde su tutorial, con música relajada y un sonido muy chiptune, podemos empezar a apreciar por dónde irá la cosa, esto es, por derroteros alejados de lo habitual.

Y lo mejor de todo es que la mezcla, pese a ser extraña a primera vista, en la práctica funciona a la perfección. Diría más, al poco de estar jugando te resulta imposible imaginarte Dustforce con un score con distintos tonos y matices. Salvo alguna excepción, la música sienta como un guante a cada escenario al que acompaña y se acopla a las mil maravillas con el apartado visual imperante. Un ejemplo: estás en pleno atardecer, de fondo el cielo rojizo y tú recorres un parque solitario, entre siluetas de árboles en penumbra y levantando remolinos de hojas secas a tu paso. Y por tus altavoces suena esto:

Y otro más: te deslizas por un callejón mal iluminado, delante de una sucia fachada de ladrillo repleta de extractores de ventilación y tú te las ves y te las deseas para ir superando los obstáculos al tiempo que escalas un muro inalcanzable para acabar dejándote caer por una especie de chimenea al otro lado. Y mientras escuchas esta pieza:

Y el último: te encuentras en un laboratorio sin ventanas y prácticamente sellado en el que algo ha salido mal, con un líquido verde que lo empapa todo y extrañas criaturas envueltas en esta misma sustancia, y te lanzas por una rampa a toda velocidad para acabar dando una vuelta de 360º en tirabuzón al final de la misma mientras esquivas los cables eléctricos que cuelgan de una de las paredes. Y en tus oídos esto:

No sé si se entiende lo que quiero explicar ni si transmito correctamente el binomio “música-sensaciones” con el que interpreto que quiere jugar Dustforce. Quizá explicado no convence ni la mitad que jugado, pero por algún misterioso motivo la combinación sienta más que bien.Es una delicia escuchar según qué temas en plena faena.


Se nota un esfuerzo por encajar cada tema con su escenario y que te obligue a prestarle un breve instante de atención, más allá de la trampa que tenemos focalizada en nuestro campo visual por tal de evitarla. La pena es que la mayoría de las veces apenas prestaremos atención a los sencillos (pero bellos) paisajes debido a que el propio juego nos empuja sutilmente a superar los niveles a toda velocidad, ya sea por la recompensa oficial (básicamente mejores puntuaciones y desbloquear llaves que dan acceso a los niveles más complicados) como por la oficiosa (es impagable la sensación que te invade cuando logras completar un nivel con una ejecución sumamente molona a lo largo de todo su recorrido).

Pero no sólo de las pantallas jugables vive la obra de Hitbox Team. Para acceder a cada una de ellas, tenemos que ir abriendo puertas dispersas por escenarios centrales a los que volvemos tras superar cada nivel y en ellas suenan quizá unos de los mejores temas del juego. De forma gráfica, las definiría como la calma antes de la tempestad y suenan así de bien:

Es difícil recomendaros una banda sonora y cantaros sus excelencias en títulos como el que nos ocupa, pues carecen de guión y viven de erigirse como un reto constante para el jugador. Es decir, para un profano en el tema de la música como un servidor, sólo puedo intentar llamaros la atención a través de las sensaciones y emociones a las que creo que apela en cada momento y cuando hay una historia detrás todo es más fácil. A veces lo lograré en alguna pequeña proporción, la mayoría de las veces probablemente no, pero en este texto lo único que quería era hacer patente mi sorpresa desde el primer momento en que “escuché” Dustforce. Me cautivó. Un videojuego diseñado para ser hijoputesco con el jugador (aunque sin llegar a las cotas de Super Meat Boy) y que gracias a su música, desmarcada de lo que podría considerarse un estándar del género, te arranca en más de una ocasión sensaciones que a priori no son compatibles con el constante estado de tensión al que te somete. Y encima, la música es bonita. No sé vosotros, pero a mí me parece meritorio y digno de darle una oportunidad.

VALORACIÓN: Una inspiradora sorpresa.

AUTOR: Terence “Lifeformed” Lee

¿DÓNDE LA ENCUENTRO? Muchas opciones: bandcamp, Steam, SoundCloud, iTunes, Spotify y si os hicistéis con él en su momento, formando parte del nunca suficientemente bien valorado Humble Indie Bundle 6.

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